
Estás buscando identidad en el lugar equivocado. Por eso estás confundido.
La cultura contemporánea te está ofreciendo una identidad falsa.
Alguien te dice que eres lo que sientes ser. Otro te dice que eres lo que la sociedad te define. Otro más te dice que eres lo que consumes. Y tú estás tan confundido que ya no sabes quién eres.
Has construido una identidad sobre cualquier cosa: sobre tu orientación sexual, sobre tu ideología política, sobre tu estatus laboral, sobre tu valor en las redes sociales. Y todo esto es móvil. Todo esto cambia. Todo esto es frágil.
Y cuando cae — y caerá — no tienes nada sobre lo que apoyarte.
Jesús dijo: “yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos”. No “sois lo que pensáis ser”. No “sois lo que los demás dicen que sois”. Estáis conectados a Mí. Vuestra identidad no es algo que construís. Es algo en lo que crecéis.
Un árbol no decide ser un roble. Es un roble porque está conectado a ese linaje. Tú eres hijo de Dios no porque lo decidas, sino porque has sido recreado en esa relación.
Cuando sabes quién eres — de verdad — no necesitas buscar afirmación de nadie. No necesitas construir una persona artificial en internet. No necesitas conformarte a una tribu para saber dónde estás. Estás en casa. Eres conocido. Eres amado independientemente de lo que hagas o sientas.
Esta es la identidad verdadera. No la construyes. La recibes.
Repite conmigo: mi identidad no es lo que pienso o siento. Es lo que he sido recreado para ser.
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