
Tu ansiedad es la prueba de que no crees de verdad.
Escúchame bien, porque esto es duro.
Dices que crees en Dios. Dices que crees que Él controla todo. Dices que Él tiene un plan. Y luego pasas la noche preocupándote por el futuro. Pasas el día ansioso por lo que los demás piensan. Vives con miedo a la pérdida, a la enfermedad, al abandono.
Si crees de verdad lo que dices, ¿cómo puedes tener miedo?
No digo que el miedo sea pecado. Digo que el miedo es la evidencia de que te estás mintiendo a ti mismo sobre tu fe. Estás diciendo “Dios controla todo” y viviendo como si tú tuvieras que controlar todo.
Jesús dijo: “No tengáis miedo”. No una vez. Decenas de veces. “No tengáis miedo de la persecución. No tengáis miedo de la muerte. No tengáis miedo del mañana”. ¿Por qué? Porque “vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis”.
La ansiedad contemporánea es una epidemia espiritual. Porque hemos construido una iglesia que no enseña la paz. Enseña el rendimiento. Enseña que debes hacer suficiente, orar suficiente, creer suficiente. Y cuando no lo logras — cuando la ansiedad gana — te sientes un fracaso espiritual.
No. La verdadera fe no es ausencia de miedo. Es presencia de paz a pesar del miedo. Es decir “no sé cómo saldrá, pero sé Quién sostiene todo en su mano”.
Si vives ansioso, no es porque seas débil. Es porque estás tratando de controlar lo que solo Dios puede controlar. Y eso es falta de fe, no debilidad.
Repite conmigo: mi ansiedad es el confesionario de mi incredulidad.
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